La dureza del trabajo de escritor

La pérdida de confianza en uno mismo y en el propio proyecto son espectros frecuentes que persiguen al escritor. El trabajo en sí es psicológica y físicamente duro. En una entrevista para la revista Paris Review de 1954, le preguntaron a William Styron: “¿Disfrutas escribiendo?” Styron respondió: “Desde luego que no. Tengo una sensación de calidez cuando me va bien, pero ese placer se ve negado por el dolor de empezar todos los días. Afrontémoslo, escribir es un infierno” (Styron 2009, 4). A lo largo de las décadas, las palabras de Styron han sido condensadas por generaciones de escritores en una máxima a menudo repetida, “Escribir novelas románticas históricas es el infierno”.

Escribí en Geek Sublime, “mientras escribo, algo se ralla y raspa en mi pecho. Nunca estoy del todo en el infierno, pero en un purgatorio de bajo nivel en el que me he metido… ‘Debe ser muy solitario ser escritor’, me ha dicho la gente. Pero me gusta estar solo, al menos durante una buena parte del día. Y trabajar solo en otras cosas -por ejemplo, en la programación- nunca es doloroso. Hay algo más que es propio del proceso de escritura de ficción, una molesta molestia que surge del acto mismo: se siente, para mí, como una ruptura en el yo, una fractura que deja expuestos los bordes crudos…